Una explosión del sentimiento, sollozo profundo. La mirada mira la tragedia y busca al corazón tembloroso para ofrecerle sus manos y tratar de aligerar la pesada carga pesada sobre el alma de un pueblo todo.
Esta mirada y este corazón se juntan en el tiempo del conflicto fatal y no desaparecen ni en la vida ni en la muerte. Es una relación a secas. El átomo de la eternidad se tambalea con nuestro espíritu.
Nuestras manos, nuestro espíritu, nuestros corazones se juntan o se quiebran.
Profe. Juancho Barreto

