Jose Rojas CNP 25.946
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En esta sociedad de infinitas carencias, aún hay lugares donde las manos piadosas se hacen presentes. Es el caso del Comedor Popular “Doña Nerys Rodríguez Morales”. En esta oportunidad, de “Por estas Calles”, conversamos con su coordinador general, Gregory Trinidad Montilla Perdomo.
—¿Cuándo inició actividades nuevamente el comedor y cómo contribuye en la ayuda del necesitado?
—¡Bueno!, después de un mes de receso para los servidores y también para nuestros benefactores, desde el pasado lunes hemos abierto las puertas del comedor nuevamente —nos dice Montilla—. Esta es una labor de la Iglesia Diocesana, de la Parroquia Eclesiástica “San Pedro Apóstol”, bajo la dirección visible del párroco Digner de Jesús González Sulbarán, acompañado de un equipo humano y desprendido de sí mismo, con un sentido de servicio al necesitado. Es la presencia viva de una Iglesia particular en medio de tanta gente que lo necesita; practicar las enseñanzas de San Vicente de Paúl al entender, comprender y reconocer el rostro de Jesús en quienes lo necesitan.
—Ahora bien, ¿cómo es el mecanismo de sustentación de esta obra de caridad?, ¿hay instituciones que colaboran, tienen ayuda gubernamental o actúan con la autogestión?
—Importante que hagas la pregunta, porque nos permite derribar el mito que se ha creado en estos tres años que lleva el comedor sembrado en el corazón de la Ciudad de las Siete Colinas. Algunos piensan que el comedor “Doña Nerys Rodríguez Morales” recibe apoyo gubernamental; de una vez te digo: el comedor no recibe, no tiene apoyo gubernamental. Es una obra de fe, inspirada en la doctrina social pura de la Iglesia católica. Se pregunta: ¿cómo entiende la Iglesia el ayudar al prójimo, al necesitado?, lo hacemos —dice Montilla— desde el amor del corazón, lo hacemos para mitigar aunque sea un poco su necesidad. Es comprender que no solo es dar de comer —damos de comer hoy, mañana tendrás hambre; San Vicente de Paúl decía: “Te alimentas hoy, mañana tendrás necesidad de comer”—. Aquí en el comedor lo hacemos, pero vamos más allá de solo saciar el hambre.
—Explica un poco más ese precepto.
—Acá en el comedor atendemos a 248 personas adultas, hombres, mujeres y algunos jóvenes, de lunes a viernes, bajo la dirección del padre Digner, quien ha creado una red de benefactores fieles al propósito y misión del comedor. Son microempresarios que aportan ese granito de arena para que el comedor tenga recursos; son nuestros hermanos del campo, manos que siembran la papa, el tomate, la zanahoria, manos que se desprenden para contribuir con la obra de ayudar al menesteroso a través del comedor —recalca el coordinador de este refugio de los abuelos—. No manejamos recursos económicos, estamos bajo la providencia total del Padre; hasta ahora Dios ha obrado bien, no nos ha faltado absolutamente nada, y cuando ha faltado, el Señor sabe solucionar, Él provee. Es un conjunto de mujeres, hombres y jóvenes enamorados de este proyecto que hacen llegar sus recursos a la mesa, ya sea pasta, granos, arroz, proteínas. Nos mantenemos por la gracia de Dios. Antes nos acompañaba el párroco de la parroquia de Plata Dos, Carlos Matheus, el cual por órdenes superiores fue a estudiar al exterior, lo que implica redoblar nuestro trabajo.
—¿Cuántas personas conforman el equipo de atención en el comedor?
—Son muchas las personas involucradas en este equipo de servicio pastoral. En el comedor son cinco personas; a dos servidoras provenientes de otras parroquias les llamamos “Mamá Margarita”. Todos ellos están en cada jornada, de lunes a viernes, desde las 7:30 a. m. hasta las 3:00 p. m.
—¿Qué caracteriza las condiciones de las personas que ustedes atienden?
—Déjame, José, resaltar que no es solo dar de comer a los abuelos, es conocerlos, hablar con ellos; en su mayoría tienen problemas de abandono, sufren un grado de soledad y les acompañamos con Jesús, con su palabra, con un abrazo al cruzar la puerta de entrada y salida. Es entender lo que decía San Vicente de Paúl —y disculpa que insista tanto en este santo, obedece a que lo he estudiado pues forma parte de mi cuerpo de apostolado pastoral—: decía que en cada persona debemos ver el rostro de Jesús; Jesús es el centro del comedor. Se nos ha criticado mucho el porqué atendemos a borrachos e indigentes en el comedor; decimos: es un problema social, el hambre es un problema social que intentamos mitigar con un poco de amor; lo contrario es seguir disgregándolos de la sociedad. La máxima de San Vicente de Paúl es: “Mientras más groseros y malolientes, demos mucho más amor”, y eso se entiende en la práctica cristiana, y eso no lo entiende el mundo. No solo es este espacio un comedor donde comes y te vas; no, aquí los abuelos son acompañados por el amor y la entrega del servicio cristiano, es buscar y contribuir a su bienestar. Hay un abuelo que dice: “Yo daría mi vida por el comedor”, él es plomero. Los abuelos que asistimos se han empoderado del comedor y desde su profesión aportan, ayudan al comedor. Si algo les caracteriza, más allá de su soledad o abandono, es que cada uno —en su mayoría— tiene una profesión, un oficio y así aportan; hay gente famosa que ha llegado al comedor en estado irregular.
—¿Es el único comedor que existe en Valera con esta dimensión?
—No, en la parroquia San Pedro Apóstol sí, pero hay obras y experiencias parecidas en La Quebrada, en la parroquia San José que dirige el padre Artigas y otras.

—¿Cómo hace el abuelo para accesar [acceder] al servicio del comedor y hacia dónde apunta este?
—Antes teníamos o hacíamos un censo, pero esto no dio resultado. Numéricamente son 248 abuelos, pero cada día se suman más. No hay requisitos para tener acceso al comedor; intentamos no solo darles de comer, sino transformándolos [transformarlos] desde el amor a Cristo, reinsertándolos a la vida. Me dices: ¿hacia dónde apunta el comedor?, hacia el crecimiento del servicio, atender a quienes lo necesitan.
Reconoció el trabajo titánico del padre Digner, quien desde altas horas de la mañana, cada día y con la ayuda de Dios, provee lo necesario. Es impresionante el trabajo que desarrollan los equipos que preparan el plato servido para el abuelo.
Para finalizar, le preguntamos a Gregory Trinidad Montilla Perdomo: ¿Están adscritos a la Fundación Cáritas?
—No, no estamos fusionados a Cáritas, pero vinculados a ellos sí estamos; hemos realizado jornadas médicas y otras actividades en conjunto.
En el cierre de la conversación conocimos al equipo del Comedor “Doña Nerys Rodríguez Morales”, personas que realmente tienen un corazón de servicio: María Mendoza, de La Beatriz; María Navas, de Motatán; Jesús Terán, quien es el chef, y otros más. Ninguno de ellos devenga sueldo alguno.
FOTO 1: Equipo de atención al abuelo
FOTO 2: Damos de comer con el amor de Cristo

