Para los que siempre tenemos un recuerdo de la Valera que se nos fue, el merodear por el Zanjón del Tigre, constituye un retornar a su fábula que se diluye entre el ruido y la anarquía actual. Este histórico mito, yace en la memoria del pueblo gracias a añejos escritos que testifican su existencia mucho antes de la formación de esta ciudad y de cómo cargado de aguas venidas de distintos cauces se empalmaban y demarcaban las antiguas posesiones que luego con el paso del tiempo se convirtieron en villa. Hoy apenas se le alcanza a distinguir como un sombrío cauce embaulado que atraviesa las entrañas de Valera.
En la histórica discordia judicial de 1819, donde los herederos de Mercedes Díaz, se repartieron los retazos de la hacienda Santa Rita, el Zanjón del Tigre fue determinante como lindero. Un tigre fabulado por nuestra tradición oral y que pareciera rugir desde las hondonadas, da origen a su nombre que hoy está sepultado en el recuerdo del enlosado citadino. Su inicio está en los predios del “Contra fuego” al oeste de la ciudad, baja por San José y Santo Domingo en forma originaria y se oculta en el concreto frente al TNJ para recorrer las honduras de Valera en paralelo a la avenida Bolívar y mostrarse en pequeños destellos de su recorrido en los aledaños del sector El Bolo y la iglesia El Carmen, rumbo a su fusión definitiva con el río Motatán en el sector La Vega de Santa Bárbara muy cerca de San Rafael.
Las antiguas crónicas nos relatan que en la sesión del Concejo Municipal del 8 de septiembre de 1901, el concejal Justo Villasmil solicitó al Jefe Civil de la Parroquia, prestar mayor atención al Zanjón del Tigre, ya que la mitad de la ranchería valerana consumía el agua que transitaba por este cauce, ya que habían personas enfermas bañándose en el y otras arrojando basura.
Cuando la villa urgió expandirse, Juan Ignacio Montilla adquirió en nombre del municipio el llano de San Pedro, ameritando esta acción la construcción de puentes para su unión con el resto del pueblo. Es así, como sobre el Zanjón del Tigre se edificaron doce puentes, siendo el primero conocido como “Puente de Hierro” en la calle 12, abierto el 23 de mayo 1907. Luego en julio de 1911 en la calle 11 se inauguró el segundo, a los que siguieron los puentes de la calle 5 en 1920, calle 8 en 1921 y para 1924 la calle 10 tuvo finalmente su pasadera.
Escrito está en la historia de Valera que durante los carnavales de 1926, siendo Presidente del Estado el General Vicencio Pérez Soto, durante la realización de un fastuoso desfile se entregó a los presentes una carta pública impresa donde se exigía la construcción de un nuevo puente en los siguientes términos: “Sólo hace veinte lustros que no había en este hermoso valle sino selva; cuando vinieron a fijar sus ranchos tal y cual aborigen de aquí cerca, de sombrero forrado en piel de danta; cobriza tez, musculatura recia; en fin, los fundadores de bohíos que las tribus autóctonas recuerdan. En este punto donde ahora estamos buscó el puma feroz su residencia, punto que luego fue “Zanjón del Tigre”, canal de riego aún de las haciendas que fundaron los ricos españoles a Norte y Sur de esta urbecilla inquieta, que según la fortuna que ha tenido gasta sus humos de ciudad moderna.
La jovencita urbe se enamora de todo lo que brilla y lo que vuela, de todas las creaciones cerebrales, de todo lo que marcha por la senda de bienestar, de gloria, de adelanto, de trabajo, de Paz y de grandeza. Y como usted es nuestro máximo caudillo el que todo lo mueve y le da fuerza, y tomó la flor de sus tenientes el gallardo Adalid que nos gobierna, la gentil urbecita trujillana os pide un PUENTE de estructura bella en la Calle Mendoza donde es tamos para unir a San Pedro con Valera”.
Es así como en 1926 un nuevo enlace se construye y en 1930 se cimentó otro también en la calle 13. Reflejan los cronistas de la época que en 1938 se consolida otra estructura en la calle 9 y para 1948 en la calle 6 se puso otro en servicio. Algunos de aquellos históricos puentes se resistieron al paso del tiempo, entre los que se pueden mencionar el edificado en 1949 en las cercanías de la iglesia El Carmen y el otro se ubica en las vecindades de la clínica UGA, inaugurado en 1951. La última conexión de concreto que se construyó, fue en la calle 15, bajo la administración de Alberto Maldonado Labastida en 1954. Estos puentes recibieron nombres de personajes emblemáticos por parte de la municipalidad como una manera de rendirles tributo. Puente “Mercedes Díaz”, Puente “Peñalver”, Puente “23 de Mayo”, Puente “5 de Julio”, Puente “Labastida”, Puente “Briceño”, Puente “Caracas”, Puente “Fontiveros”, Puente “Mendoza”, Puente “Urdaneta” y Puente “Centenario”.
La oralidad local relata las hazañas de centenares de valeranos que exploraron las entrañas de la ciudad, aventurándose a través del Zanjón del Tigre para descubrir míticos animales y personajes fantasmales, emulando al genio de la literatura Jorge Luís Borges, que nos describe su encuentro con la belleza solitaria de un tigre que se paseó por la margen de un río cuyo nombre ignoró y hoy ruge entre los altares de sus versos.
Fuentes: Luís González – Valera, La Ceiba y la Globalización 1999 “El Anunciador de Valera” – 1935 Conversaciones con Luís Amado Bracamonte y Carlos Gil Coronado.
La Valera oculta. Pedro Bracamonte (+)
Texto: Benigno Contreras…


