Suplantar el acostumbrado transporte de recuas o animales de carga por un aparato de tracción mecánica, nos imaginamos, debió de haber sido una impresión de indefinible sensación en nuestros pueblos. Basándonos, entonces, en la hermosa y extraordinaria obra de José María Baptista: “Crónicas del Boconó de ayer” reseñamos este acontecimiento con la riqueza de su exposición.

El viaje, antes del automóvil, de Boconó a Trujillo duraba nueve horas y como escribía el autor: “Viniendo de Trujillo se comenzaba a ascender por la cuesta de Tierra Morada o por la de San Jacinto, pasando por Borón, hasta llegar a Las Travesías, que eran ya terreno plano pero que, infortunadamente terminaban en el sitio denominado El Riecito. Desde allí se comenzaba a trepar de nuevo por el Páramo de la Cristalina, abrigados ya con la pesada chamarra y el sombrero bien sujeto a la cabeza, en previsión del frío… Antes de “entrarle al páramo” como se decía, era necesario hacer una breve parada en La Casa Blanca para engullir el “avío” y tomar una reconfortante taza del aromoso café”; era, indudablemente, un gran sacrificio “siendo realmente lastimosas las condiciones en que algunos llegaban: con la cara roja como un tomate debido a la inclemente acción del frío parameño o del sol que ya en la tarde les caía de frente en la bajada de Sans Soucí, y con el cuerpo todo magullado…”.
Para aquellos que no poseían bestias de carga tenían que recurrir a “las “cuadras” de Tolentino Ortega o de Juan Puertas”, o quitarle al Padre León prestada la pobre mula que nunca negaba.
Y llega el año de 1915, Boconó presenciará entonces uno de los acontecimientos más extraordinarios: ¡llega el automóvil!, “sin carreteras, con calles sin pavimentar o simplemente “empedradas”. Venía en hombros desde Trujillo “a través del páramo y encallando y descendiendo las empinadas cuestas”. Esto fue posible gracias a que algunos boconeses hicieron una especie de “pote” o “vaca” o formaron una “Compañía” para lograr comprar el auto por valor de cinco mil bolívares, aproximadamente. Dicha asociación la formaron: Ismael Castellanos, Ramón Pino, Félix María Briceño, Rafael Bocaranda, José Spinetti, Armando Velasco y Pedro Eleazar León. Es un “Ford” y lo manejaría el primer chófer de Boconó, el Sr. Francisco (Pancho) García nativo de San Miguel.
Por Benigno Contreras B.

