La presencia no habitual de al menos cuatro ejemplares de mono capuchino (Cebus) en diversos sectores del municipio Iribarren ha encendido las alarmas sobre las consecuencias urbanas del tráfico ilegal y la tenencia clandestina de fauna silvestre. Así lo advirtió el médico veterinario Carlos Silva, gerente de manejo de fauna animal del Parque Zoológico y Botánico Bararida, quien aclaró que los especímenes avistados en las últimas semanas no provienen del inventario ni de las instalaciones del parque.
«Esta situación escapa a las manos del Parque Bararida porque no son animales que estén en población libre aquí. Esto es producto precisamente de la irresponsabilidad de las personas que adquieren estos animales por vías ilegales», explicó Silva, recordando que la fauna silvestre es propiedad del Estado venezolano y no puede ser mantenida en hogares particulares.
El especialista señaló que el patrón de abandono responde a una dinámica recurrente en el comercio ilegal en carreteras: los ejemplares son comprados cuando son crías, pero al alcanzar la madurez sexual su comportamiento cambia drásticamente.



Al volverse agresivos e inmanejables en un entorno doméstico, los poseedores suelen regalarlos o soltarlos en la vía pública, generando situaciones de riesgo y estrés tanto para las comunidades como para los propios animales. Ante esto, Silva instó a la ciudadanía a denunciar y exigir responsabilidad formal a quienes mantienen este tipo de cautiverio ilegal en sus zonas.
Ante los reportes de avistamientos, Silva puntualizó que el abordaje, rescate y las decisiones sobre la captura de animales silvestres fuera de su hábitat corresponden legalmente a la Autoridad Ambiental Nacional, a través de la Unidad Territorial de Ecosocialismo (Autelara).
Asimismo, el vocero detalló la realidad operativa del Parque Bararida, espacio de conservación e investigación que actualmente alberga una población controlada de aproximadamente 36 monos capuchinos. Explicó que el recinto mantiene una estricta política de no recepción para estos primates debido a la saturación de sus espacios, ya que la introducción forzada de nuevos individuos genera severos conflictos territoriales por jerarquía, alimento y parejas.
Respecto al balance de atención en lo que va del año 2026, el parque ha atendido cerca de 130 ejemplares de fauna silvestre. La gran mayoría de los ingresos corresponde a aves rehabilitadas o liberadas tras colisiones urbanas, así como a reptiles entre los que destaca la serpiente tragavenados (Boa constrictor), especie que sí se recibe de manera excepcional para controlar los riesgos dentro de las propias instalaciones del zoológico.
Para el equipo médico del zoológico, la solución definitiva no radica en la captura de ejemplares sueltos, sino en erradicar la compra de especies protegidas. «El asunto es atacar el tráfico de fauna. Si la gente no compra animales en la carretera —sean loros, guacamayas o monos— no estarían pasando estas situaciones en las áreas urbanas. La responsabilidad comienza al no comprar», concluyó Silva.
Carla Martínez / Noticias Barquisimeto


