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Hoy es uno de esos días en que ciertas limitaciones parecieran jugar en mi contra para decirme que no podré llevar a cabo mis propósitos en la vida. Es como si todo aquello contentivo de elementos y situaciones negativas se esmeraran en recordarme quién soy… y no me refiero a cómo los demás me aprecian, con algunas excepciones como la de mi gran amigo Bucky.
Mañana iré, y estaré de nuevo para alistarme en la oficina de reclutamiento ubicada a unas cuantas cuadras de donde vivo. No renunciaré, no me daré por vencido. Sé que mi estado de salud no es óptimo… mmm, para nada óptimo, pero mi deseo de ingresar al ejército y servir a mi país está por encima de todo y de todos.
Creo que siendo útil a mi país, daría el primer paso para valorar lo que hombres y mujeres en generaciones anteriores forjaron para poder disfrutar lo que hoy tenemos. ¡Imagínense quedarme de brazos cruzados mientras otros sacrifican sus vidas y las de sus familias por cada uno de nosotros! Es como si algo más fuerte que tus emociones invadiera tu ser, y no hablo de patriotismo exacerbado o un nacionalismo extremo; yo diría, y estoy seguro de ello, que lo que poseo es un afecto constructivo hacia mi país, es aprender a recibir una cultura de valores y principios para poder ser un mejor ser humano, hijo, hermano, padre o esposo —aunque lo último lo dudo, debido a cómo luzco por fuera, o cómo me veo quiero decir, ufff…—
No elegí ser enfermizo, frágil, o verme como un saco de box de 40 kg, y sé que mido tan solo 1.63 cm de estatura. En algunas pruebas físicas, o en todas para serles sinceros, no he podido correr ni 100 metros sin que me ataquen los problemas respiratorios o sea víctima de un cansancio extremo. ¡Pero sé que todo va a estar bien!
Es como si algo más grande que yo me estuviese observando para un destino grande, significativo y de un beneficio colectivo… si tan solo quedase enlistado… ¡es mi quinto intento!
Ojalá mañana temprano cuando me presente no haya objeciones y de una vez por todas pueda ingresar a las filas del ejército.
Aún recuerdo a mis apreciados padres, fueron y serán por siempre mi seguro refugio, más allá de que para ellos la vida no les haya sonreído como hubiesen querido. Lo digo porque mi pobre viejo hizo todo lo posible para salir airoso de la bebida y la depresión al no poder conseguir empleo para alimentarnos a mi madre y a mi persona. Por encima de ello, insisto, fue un gran ser humano para mí, y siempre le recordaré de la mejor y única manera posible.
Del mismo modo, mi bendita madre —me cuentan mis tíos que mi madre nunca bajó los brazos, que no se rindió, era valiente y, a pesar del trato de mi padre hacia ella, siempre perseveró para darme lo mejor—, ¡lástima su partida!… La recuerdo todos los días.
Quizá por ello tengo esa capacidad de regenerarme, de ser una persona proactiva a pesar de mis debilidades y las amenazas tanto internas como externas que pueda enfrentar. Odio los abusos, vengan de donde vengan, y no lo digo para que suene como una frase de campaña publicitaria; lo manifiesto de primera mano, jeje… ¡alguien a quien deberían darle un premio por soportar por tantos años lo que implica el abuso físico y verbal!, eso sí… ¡jamás me verán huyendo o sintiéndome derrotado! Nada que ver, soy muy valioso, hasta diría que soy especial para Dios, y que en el momento preciso veré el fruto del carácter y la resiliencia que he mostrado, sin olvidar una buena cantidad de veces en las que mi buen amigo Bucky me ha salvado.
No soy un especialista en ética o moral, pero sí creo firmemente que nuestro andar en la cotidianidad de la vida está ligado a cómo nos definamos y de qué manera vayamos construyendo nuestra identidad, así como al construir relaciones sanas y duraderas basadas en el amor, el respeto y la comprensión hacia nuestro semejante… Allá cada quien si actúa de manera incorrecta, pero por nuestra parte no nos cansemos de actuar de manera correcta, aunque eso implique en mi caso tener que aguantar golpes y patadas por parte de algunos fortachones abusivos.
Muchas personas, incluyendo familiares, me han recalcado que poseo una forma de pensar equivocada, que cuando pienso y expreso lo que siento solo estoy perdiendo el tiempo, que la sociedad actúa totalmente diferente a lo que manifesto. En verdad no me molesta que piensen eso de mí; al contrario, esos comentarios o críticas me dan fuerza y me motivan a enfocarme en ser cada día una mejor persona. Yo, y nadie más que yo, elijo ser la persona que deseo ser. Sé, por ejemplo, que hasta ahora algunas de mis metas no se han podido cumplir, como el alistarme en la milicia, conocer a una buena chica, casarme y pasar el resto de mi vida a su lado, entre otras metas. Ese tipo de pensamiento me permite tener fe y determinación para esperar grandes cosas en la vida. ¿Saben? Me preparo cada día esperando lo mejor de Dios… sin ningún tipo de resentimiento a pesar de las amenazas y debilidades que se hayan presentado.
Sé que pensar adecuadamente no me presentará un camino de rosas de manera automática, pero sí mantendrá mis pensamientos claros y ágiles para aprovechar oportunidades venideras.
Si bien es cierto que no soy quien me gustaría ser y así poder enrolarme en el ejército, también es verdad que no muchos poseen las cualidades que poseo y que me hacen sentir orgulloso de quién soy… La gente que me busca pelea para golpearme es, en el fondo, víctima del pasado, de las circunstancias y de sus propias tomas de decisiones, aunque estas no sean las correctas.
Por ello no acepto que nadie piense, me mire o peor… me diga que soy un fracasado. Yo, Steve Rogers, soy la única persona que puede decidir si realmente soy un fracaso de vida o alguien con cualidades incomparables que cada día hace el máximo esfuerzo posible por seguir adelante… ¡Y sé que mañana mi vida cambiará para mucho mejor, sin descuidar mis valores y principios!

