Dom. Ago 2nd, 2026

Fabricio Ojeda: El espíritu insurreccional y la memoria de la dignidad bolivariana

OPINIÓN

Fabricio Ojeda: El espíritu insurreccional y la memoria de la dignidad bolivariana

EL CORREO DE LOS ANDES | GEOHISTORIA INSURGENTE

«Un joven patriota como Fabricio Ojeda es un digno ejemplo de nuestra geohistoria insurgente bolivariana (1929-1966)».

En un encuentro político-militar en la ciudad de Valencia, por allá en el año 2005, coincidimos con el comandante guerrillero Carlos Betancourt. En una conversación complementaria, pudimos rememorar momentos sobre la caída y muerte del legendario político insurgente Fabricio Ojeda.

Carlos Betancourt, conocido por el seudónimo de Jerónimo, relató: «En 1964, el comandante Argimiro Gabaldón me nombró Jefe de la Retaguardia del Frente Guerrillero “Simón Bolívar” de las FALN, en las montañas de Lara. A finales de 1965, el frente quedó desmejorado y se inició un repliegue táctico de sus cuadros operativos. Casualmente, el 20 de junio de 1966, Carlos y Fabricio determinamos una operación: movilizarnos desde Caracas a una zona rural del estado Sucre, en Paria, para protegernos de la persecución de los cuerpos represivos contra el movimiento insurreccional en Venezuela.

Estando ambos para abordar un vehículo en un lugar de Caracas para la acción de repliegue y enfriamiento, a Fabricio se le ocurrió —en su afán periodístico y dada la cercanía a la sede del diario El Nacional y siendo casi las 4 de la tarde— pedirme la oportunidad de llevar un documento para su publicación. En medio de la incertidumbre y las medidas de seguridad, fue a entregar el escrito al diario. Pasadas las horas, al no regresar, se abortó el viaje. La sorpresa fue que, al día siguiente, apareció muerto a causa de las torturas del cuerpo policial SIFA. La conclusión es que el periodista que lo recibió lo delató para su detención y asesinato el 21 de junio de 1966».

La frescura de la conciencia tranquila de aquellos hombres y mujeres de los años 60, junto al tránsito vital de un joven revolucionario como Fabricio Ojeda, nos dejan un ejemplo moral imperecedero. Desde su palabra, su oficio de periodista y su liderazgo juvenil, Fabricio enfrentó con la razón a los asesinos de su época, aun sin haber tomado un fusil.

Tan revolucionario como aquellos a quienes la vida colocó en el único camino posible de esa juventud —internarse en la montaña, calzarse las botas y empuñar un arma para defender el derecho a una patria libre—, este joven, Fabricio, indicó con su ejemplo que la revolución tiene un rumbo claro. Nuestra patria posee una historia gloriosa, y realizamos un esfuerzo tremendo para estar a la altura de quienes han representado nuestros grandes valores: desde Guaicaipuro, Chacao, Caricuao, Terepaima, Urimare, el negro Andresote, los cimarrones, José Leonardo Chirinos y el Negro Primero, hasta el Libertador Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, Andrés Bello, José Félix Ribas y Ezequiel Zamora.

Fabricio Ojeda marcha, quizás, a la vanguardia de esa fuerza de luz; es uno de los líderes más brillantes, luminosos y valientes, y de los mayores valores políticos y republicanos del siglo XX venezolano. Trujillano, hombre sencillo del pueblo, nacido el 6 de febrero de 1929 en Boconó, cargó con la herencia del campo. Temprano le tocó trabajar en los campos petroleros, donde, al lado de su labor como obrero, se convirtió en maestro, cultivó su conocimiento y se graduó de periodista. Por ello, es vital que la juventud conozca a profundidad la historia; esa juventud que hoy, afortunadamente, sigue viva, activa y consciente.

Por su inteligencia, carisma, compromiso y valentía, Fabricio fue elegido por consenso como presidente de la Junta Patriótica que conformó la amplia alianza cívico-militar. Así, al amanecer el 23 de enero de 1958, la primera voz que se escuchó en Radio Rumbos y Radio Continente fue la suya, llamando al pueblo a la calma, explicando los acontecimientos y, más tarde, convocando a la toma del poder.

Fabricio Ojeda representa, sin lugar a dudas, el espíritu original del 23 de enero. Los más jóvenes se preguntarán: ¿qué fue aquel espíritu? En el siglo XX, fue la mayor esperanza de una generación que creyó llegada la hora de retomar las banderas de los libertadores, de conocer qué era la democracia real, la libertad y de recuperar las riquezas petroleras. Fue el espíritu del desprendimiento, el sacrificio, la solidaridad y la búsqueda del destino común; aquel que demostró que las imposiciones coloniales pueden ser derrotadas cuando prevalece la unión cívico-militar.

Describir cómo una generación con un espíritu absoluto de sacrificio vio pasar la oportunidad de transformarlo todo por actuar sin un proyecto de poder claro, sin una estrategia y sin un mando único, es una lección necesaria. Tenemos que decir hoy sobre Fabricio Ojeda que la historia marca las verdades de los tiempos. Los pueblos que no conocen su historia no la procesan y están condenados a repetirla como tragedia.

¡Honor y gloria a Fabricio Ojeda!

PROF. JORGE ANTEQUERA

RRSS

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