¿Te ha pasado que alguien, con sus palabras o actitudes, intenta hacerte sentir menos? A veces esas heridas vienen de conocidos, familiares o incluso personas cercanas.
Quiero que reflexionemos, por un momento, sobre por qué sucede, qué dice la Biblia al respecto, y lo más importante cómo puedes reaccionar cuando se presente tal acción.
La palabra clave aquí es por qué me hacen sentir mal. Un sentimiento que muchos conocen, pero pocos saben cómo manejar correctamente.
¡Qué significa “me hacen sentir mal?”
Es sentirse herido, desvalorado o menospreciado es más común de lo que creemos. Puede manifestarse de muchas formas:
Críticas constantes o rechazo emocional,
comentarios hirientes disfrazados de “consejos” o “bromas”
comparaciones que hieren tu autoestima,
actitudes de indiferencia, desprecio o manipulación.
Cuando alguien te hace sentir mal, no siempre es consciente de su impacto. Pero lo más doloroso ocurre cuando la persona que debería apoyarte te rebaja. Esa desvalorización afecta tu identidad, tu autoestima y puede minar tu paz interior.
Lo que la Escritura nos enseña en su carta a los cristianos en Corinto, el apóstol Pablo compartió su propia experiencia con el dolor, el rechazo y el sufrimiento. En 2 de Corintios 4:8-10 dice;
Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
Este pasaje nos recuerda que sufrir ataques o críticas no significa que estamos solos o que estamos derrotados. Al contrario: nuestra fe puede ser el refugio que nos sostenga y la plataforma que nos impulse a levantarnos.
Cuando alguien te hace sentir mal, recuerda: no eres lo que esa persona dice; eres lo que Dios dice que eres. Eso tiene un valor incalculable.
Cuando alguien te hace sentir mal, no olvides que tu valor no depende de las palabras o las decisiones de los demás. Tu valor viene de tu Creador.
Cada herida puede transformarse en una oportunidad para crecer, para sanar, para reafirmar quién eres en el plano espiritual y emocional.
Te invito a que hoy decidas defender tu paz, proteger tu autoestima y vivir como quien realmente eres. ¡Dios te bendiga!.
Por: Luis Abreu

