I Parte
Si bien es cierto que no soy el arquetipo de héroe que cualquier ciudad o un puñado de personas quisiera tener… reconozco que mi apariencia no infunde confianza, y mucho menos le sacaré una sonrisa a un niño en la calle, aunque le ofrezca golosinas. También sé que mis métodos no son los más apropiados ni aceptados por nadie.
¡Pero quiero que sepan que hago todo lo humanamente posible para no salirme de control! Sé que el comisionado Gordon y hasta Superman me lo han hecho saber en varias oportunidades. Es más, les cuento que Alfred me lo recuerda cada vez que puede y le estoy agradecido; de alguna u otra manera se me ha pasado la mano, pero… no por ello permitiré que quieran levantar comentarios negativos o venir a denigrar el trabajo que vengo llevando a cabo desde la muerte de mis malogrados padres.
Creo que, al fin y al cabo, cumplen su cometido: hacerme sentir mal o que no soy el tipo correcto para «limpiar» a Ciudad Gótica de tanto antisocial…
No les mentiré: algunas noches, cuando logro conciliar el sueño, me invaden pesadillas. Veo a quienes me conocen y con quienes he tratado dirigiéndose a mí con mucho odio en sus facciones y con ensordecedores gritos, diciendo que soy un «pobre diablo» digno de lástima, que estoy abatido, terminado, que nadie me recordará por lo que hago, que estoy demente, solo y que no tengo propósito alguno.
¡Pero no…! No soy nada de eso o, al menos, no lo creo. Hay algo muy dentro de mí que me hace diferente a otros en Ciudad Gótica. A sabiendas de que efectivamente he cometido errores, de que me he equivocado en muchas oportunidades y de que me he tomado la justicia por mis propias manos, no puedo permitirme que tipos extraños, asesinos, locos y hasta extraterrestres vengan a hacer de las suyas en Gótica.
Muchos afuera tienen sus propios intereses para no reconocer el inmenso esfuerzo que hago para que todo no sea un caos en su totalidad. Solo persiguen, entre sus macabros juegos mentales y perversas estrategias, sacarme del todo y, de esta manera, sentirse superiores justificando sus planes maquiavélicos.
No puedo permitirme responder a estas críticas públicas enojándome o agachando la cabeza; les daría la razón para perpetuar sus perversos planes. Debo estar plenamente consciente de aceptarme tal como soy: con fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas de todo tipo.
Sé que en ocasiones mi identidad tiende a ser confrontada, pero puedo mejorar cada día… reconociendo que no soy perfecto.
Quieren que me castigue a mí mismo por mi proceder. Quisiera repetirles lo que de continuo le manifiesto a Alfred y a Clark: no todas mis decisiones son siempre correctas o son bien vistas por todos, ¡pero las tomo y listo! Y créanme que lo hago por el bien de la ciudad, a sabiendas de lo que pueda ocurrirme; aunque en mi caso, y sin ser quejumbroso, ya me ocurrió todo lo que tenía que ocurrirme.
¿No han sido fáciles tales decisiones? Pero alguien tenía que hacerlo…
Como vigilante nocturno, ¿soy indulgente ante estos malhechores que no dudarían ni por un segundo en hacerme pedazos? Por decir algo: ¿acaso se debe pedir permiso para detener al desquiciado del Guasón en su afán de incendiar todo a su paso? ¿O debo ponerme de rodillas ante el Acertijo para que pare de matar usando sus enigmas? Y ¿qué decir de la lunática Harley Quinn? ¿Debo llevarle un ramo de rosas e invitarla a cenar para que deje de aterrorizar a quien se le plazca?
No… no puedo mostrarme inseguro, vacilante o atormentarme por las decisiones tomadas. Estas han tenido efectos colaterales, ¡lo admito sin duda alguna! Esto, en cierto grado, mi idea de haber creado la Liga de la Justicia ayuda a evitar males mayores en un futuro, y el tiempo me ha dado la razón.
Debo centrar toda la atención en quién soy; mi ser y pensamiento deben estar enfocados en lo que en verdad me interesa: las pobres personas de esta ciudad.
Hay muchas personas inocentes y buenas que merecen algo mejor; y aunque algunos dicen que soy un monstruo con antifaz y capa, creo firmemente que no solo soy la mejor opción de Ciudad Gótica, sino la única.
De paso, debo seguir lidiando con esto de tener doble personalidad: dos tipos en una sola piel. Qué locura… ya no sirvo para esto. El de ser de día un educado filántropo, playboy y multimillonario; y por las noches lucir como un antihéroe con métodos no aceptables y a quien la mayoría teme, a pesar de estar del lado de la ley… aunque a veces el comisionado Gordon me eche en cara que pareciera ser «mi» ley.
Cómo no defender a Ciudad Gótica; me lo dio todo y también me lo quitó todo, pero no la culpo. Como tampoco me culpo por tomar la decisión, desde muy joven, de prometerme que ninguna familia será amenazada, separada o, peor aún, destruida por la desquiciada mente de un malviviente.
Aunque todo este carrusel de emociones, sucesos y decisiones me hayan convertido en un ser solitario, taciturno y, en cierto modo, implacable contra el mal y la injusticia —y con un mayordomo que se empeña en que debo casarme o tener una vida social verdadera…—. ¿Será que la hay y, por razones ya expresadas, le he dado la espalda? ¿Acaso el trauma que me persigue es mi verdadero enemigo? Y ¿qué tal si, más que quitarme el antifaz, debo colocarme un verdadero rostro? Uno que sepa o posea identidad, saber realmente quién soy, dónde estoy o hacia dónde voy… Incluso yo merezco una oportunidad más para ser libre de esa reacción emocional que sigue mezclándose entre lo real e imaginario dentro de mí. Quisiera adaptarme bien con todo a mi alrededor, poder superar lo vivido y entender que no todo está perdido; ya no quiero romperme ni tener que romper a otros. Debo aprender de mis fracasos sin tener que desaparecer de forma irreverente frente a otros.
Definitivamente, es hora de ser consciente de mis limitaciones, inclusive con el traje; eso me daría, como dice Alfred… una autoestima saludable. No podré traer a mis padres a la vida, tampoco lograré que todos los villanos estén tras las rejas y mucho menos disipar mis temores luciendo un traje oscuro en medio de la noche… Sí, estoy claro con eso. Seré objetivo con un prisma de optimismo, asumiré una actitud positiva, cultivaré amistades… es más, comenzaré llevándole al Guasón algunas donas de chocolate, aunque se ría de mí.
Freddy Briceño Parra

