Aquí me tienen, amigos, degustando unos ricos trozos de pizza y, aunque están fríos y supertiezos, es lo que tengo a la mano; es lo que logré rescatar de la refrigeradora de mi tía May. Creo que hace un par de semanas yo mismo las guardé… y que para comérmelas dentro de un rato. Triste, el hambre que tengo es voraz. ¡Dios mío, ya casi amanece! Aprovecharé para dormir un par de horas, la tarea ya está lista y muy temprano debo ir a la exhibición científica en Midtown. No les niego que estoy muy emocionado… no solo por lo que podré apreciar dentro de la Corporación General Techtronics, sino que además también podré ver a la hermosa Mary Jane, aunque sé que para ella no existo. Solo tiene interés por sus estudios y la actuación, no la culpo por ello; creo que es su manera de «escapar» de todo a su alrededor. Yo también tengo mi manera de relajarme haciéndolo con la ciencia ¡y vaya que la paso bien! Todos estamos envueltos en asuntos del diario vivir, que si estudiar, trabajar, sacar la basura, tender la cama, cortar el césped, blablabla.
¡Bueno, amigos, recuerden que la vida es un don de Dios… y vaya que Él es bondadoso! Aunque mi cena de pizzas —casi desayuno— no fue la ideal, de seguro todo cambiará para bien; esas palabras me las repiten mis queridos tíos Ben y May.
¡Wow… por fin llegué a la exhibición! ¡Acá todo es fantástico, lleno de energía, hay tanta creatividad por doquier! Este lugar es fantástico para dar a conocer mis proyectos, aunque para mis compañeros de clases solo luzca como un nerd al que solo le interesa lo académico, lo científico, jejejeje. Ustedes saben que no es cierto, tampoco me incomoda que tengan ese concepto de mí. Es más, aprovecharé que vine media hora antes para contarles algo sobre mí, de quién soy, y también para conocerlos a cada uno de ustedes…
Nací en un pequeño barrio de la ciudad de New York, llamado Forest Hills, en Queens. Crecí con mis tíos Ben y May Parker; después de la pérdida de mis padres, mis tíos han sido los encargados de mi crianza. Y a pesar de valerme por mí mismo… ¿eso creo? Hoy día siguen sacrificándose para darme estudio, alimentos, ropa, calzado, así como un lugar donde vivir; más que una casa, un hogar donde, sin duda alguna, lo he tenido absolutamente todo…
A pesar de mis despistes, me esfuerzo para estudiar y a la vez trabajar, ya que de esta manera logro llevar algo de dinero a la casa y ayudar en lo que pueda con los gastos.
Tengo diecisiete años de edad, pero me ha tocado hacer casi de todo. Sé que ustedes me entienden. Para muchos adultos soy un huérfano más, pero a mi tía May no le agrada que nadie en el vecindario me llame huérfano. Ella afirma que para Dios todos somos seres especiales y que hay un plan para cada uno de nosotros. ¡Ahhh, mi tía es un ser único! Tan lleno de un amor incondicional, fortaleza y sabiduría; por supuesto que mi tío también lo es. No es fácil el hecho de saber que no podrás contar con la presencia física de tus «viejos», ¡claro… no me rebano los sesos por ello! Mis tíos me han explicado con detalles la lamentable ausencia de mis padres, y no les niego que he pasado por situaciones emocionales tales como ansiedad, soledad, depresión y en algunos momentos me he llenado de ira. Tampoco soy muy bueno para relacionarme con otras personas y, aunque no soy un cobarde literal, reconozco que trato de evitar en lo mayor posible toda pelea que pueda presentarse en la escuela, en especial con el fortachón de Flash Thompson y sus amigos. Trataré más adelante de ir a un gimnasio y ganar algo de masa muscular para no verme tan flacucho, jejeje.
Recuerdo que durante mis cumpleaños, al momento de pedir un deseo, cerraba mis ojos y deseaba con todas mis ganas que mis padres entraran por la puerta sorprendiéndome y así poder abrazarlos y tenerlos a mi lado. No es mi idea hacerles llorar o cargarles con sentimientos ajenos, pero quería contarles ese capítulo de mi vida.
Esperen… esperen, ya están inaugurando la feria, así que dejaré de contarles mis tristes historias. Tengo muchas historias, pero más que vivirlas, es lo que he aprendido de cada una de ellas… para hacerme un mejor ser humano, un mejor hijo, un mejor estudiante, un mejor trabajador, un mejor ciudadano; pero, sobre todo, un mejor ser conmigo mismo para poder serlo con Dios y con mi prójimo.
Freddy Briceño Parra

