Si miramos desde la óptica actual el significado de aquel Trujillo de hace más de cien años, con sus riquezas y sus curiosidades, tendremos que reconocer que Dios ha sido condescendiente con nosotros, pues, a pesar de tanta torpeza cometida, podemos todavía agradecer el gran potencial y la gran riqueza que aún nos queda. Esto lo decimos inspirados en ese balance que hizo el Ministerio de Fomento, en los años de 1875-76, sobre la región plasmado en la obra Apuntes Estadísticos del Estado Trujillo y cuyos datos recogen, en cierta forma, las obras de Amilcar Fonseca y Américo Briceño Valero. De la región decía, precisamente, el célebre geógrafo y militar Agustín Codazzi lo siguiente :
tiene todas las presiones atmosféricas en que el hombre puede vivir, desde las regiones más cálidas a las más frías. Encierra terrenos propios para cultivar todas las producciones de tierras cálidas, templadas y frías ; y en estas tres especies de climas se encuentran terrenos propios para la cría de ganados. De valles amenos y fértiles, se pasa a hermosas y dilatadas sabanas, de colinas frondosas a cerros cubiertos de gramíneas ; de los campos de trigos a la región en que solo vegeta el frailejón…Por todas partes se encuentran prados y sabanas con rebaños, valles y cerros cultivados, selvas y páramos solitarios (sic).

La hidrografía se representaba por cantidad de ríos que enriquecían la región, algunos de los cuales, creemos, ya no existen : el Boconó con sus afluentes Burate y Saguas. El Motatán que, “después de su reunión con el Jiménez, en San Gonzalo, de las llanuras del Cenizo, es navegable en un trayecto de 144.291”. El Choruri, el Momboy cuyo curso “lo hace en su mayor parte por entre yerbas aromáticas”. El río Blanco cuyo nacimiento es el sitio del Azufre al Sur-oeste de Escuque; el río Bami también de Escuque se une al anterior. El río Colorado “llamado así por el color dorado de su cristalina linfa, cuyo color lo dan unos zarzales que dicen se hallan en sus vertientes”. El Castán, el Mocoi y el Jiménez. De Carache, los ríos Hato Viejo, el Miquía, y el Botella se unían al río Carache y entraban al Motatán uniéndose a los ríos Bonilla, Monaicito, el Chara, el Catalina que regaban a Monay. Los ríos Colombio y Charal nacían en Escuque y se unían al río Cáus que iban al Lago, conjuntamente con el Poró, Buena Vista, Sequión, Cheregué, el Cenizo, el Roto, y Motatán de los Negros. “Una infinidad de riachuelos se quedan sin mencionar ; pero baste saber que pocos serán los territorios tan favorecidos por la naturaleza con mayor caudal de aguas”, comentaba el Informe.
Una nota curiosa lo representa la cantidad de afluentes termales de Trujillo. El principal, que sí conocemos, el de “un pequeño caserío llamado la Sabana del Baño”, que es el que actualmente llamamos el Baño de Motatán. En San Jacinto, en el cerro de Bujai “se halla a la margen izquierda del río Castán una fuente sulfurosa mineral. El olor a huevos podridos se percibe a más de 30 metros antes de llegar a la fuente…aunque deja de sentirse en un trayecto como de 100 metros…Esta fuente, en el primer pozo de su brote, deja impregnada la piedra que recibe sus aguas de un sedimento blanquecino”, sin embargo, también se consideraba que la gran cantidad de sales y minerales que arrastraba el río producía en algunos casos males al hígado, al estómago y producía el bocio. En Carache, en el lugar de “Sabana Larga” y “Piedras”, existieron dos fuentes llamadas “Baño Muñoz” y “Quebrada de agua caliente” consideradas “piscinas milagrosas en que han recobrado la salud crecido número de enfermos”. En Boconó, al norte de Tostós “hay dos baños bastantes calientes y tienen la particularidad de estar contiguas a quebradas excesivamente frías” y en Monay se encontraba “otro baño de agua caliente”. En esta región se aseguraba la existencia de minas de mene mineral, petróleo y también de carbón de piedra.
De la riqueza mineral, para aquella época, Trujillo mostraba su prodigalidad: existía una mina de carbón de piedra en la Chapa de los Quevedos, en la Parroquia Matriz de Trujillo. “También al frente de la población hay una peña elevada de la cual en tiempo de lluvia, se desprenden piedras, que pulverizadas se usan para curar úlceras envejecidas”, medicamento que recibía el nombre de “tierra de Benito” por homenaje a quien la descubrió. Al noroeste de la ciudad, en la serranía de Santa Ana, Amilcar Fonseca dice que, según Bianchoni, autor del mapa de Venezuela de 1888, existió una mina de plata. En Niquitao se consideraba la existencia de minas de sulfuro de plomo y hierro y el Burate era rico en un polvo blanco o alumbre que “el ganado lame, siéndole provechoso para engordar”. Bolivia de Carache se suponía rica en azufre, talco y yeso. En Escuque, al pie del cerro Palmarito, existía una mina de carbón de piedra. Según el mineralogista Tarrad, en 1866, que exploró esa zona consideró la existencia de petróleo entre los cerros “La Palma” y “Las culebras”, con dos vertientes y otra “poco antes de unirse el río Colorado al Caus” ; también consideraba que en toda la parroquia Unión la abundancia de petróleo “daría para costear en pocos años, un ferrocarril a los puertos del Lago”. En Valera, en la montaña “Candelilla” había una mina de alumbre, pero también, en algunos cerros el kaolín, el almagre y la piedra de pizarra era muy común. La existencia de alumbre terroso posiblemente contenía antimonio “pues los animales de los parajes donde se hallan se mantienen gordos y lustrosos”.
Las características geográficas provocaban ciertos fenómenos interesantes: en Monay, la presencia del mene provocaba, en época de lluvias, una emanación de tufos con una espectacularidad de variación de colores. El fenómeno que se producía por el camino de Las Mesitas a Tuñame conocido como “el espectro de Brocken”, consistía en una traspolación de la figura de los caminantes a la neblina que circundaba la montaña, -como pantalla de cine -: “se lleva la imagen de los viajeros y la produce sobre la neblina : el viajero se ve así retratado, en tamaño exagerado, sobre la neblina cercana”, lo que provocó, en algunos casos, leyendas sobre “fantasmas”, según lo comenta Américo Briceño Valero en su obra “Geografía del Estado Trujillo”. Por cierto, este mismo autor, habla de la “gran laguna de Trujillo” que se conformaba desde San Jacinto hasta la Peña de Tucutuco; así mismo señala la inmensa laguna que cubría todo el valle de Motatán hasta Pampanito, es decir, que “Valera se encontraba sumergida en el fondo de ese lago alargado…Pampanito ha debido estarlo también”, por supuesto, se refiere a aquellos tiempos geológicos, prehistóricos cuando aún no se adecentaban las tierras. (págs. 88-148).
El fenómeno del “Volcán grande” en Mendoza, al pie de la montaña Escarandí, que cuando las nubes se apiñan y descargan en esa montaña, las aguas fluyen al zanjón como a su hoya natural y producen una singular avenida, no de agua sino de un singular lodo roji-negro, fétido y espeso, el cual marcha en grupos bien distantes, formando grandes maletas (grandes moles de pantano) que bajan simultáneamente con gran velocidad, pero guardando una distancia de veinticinco a treinta metros. Estas maletas a pesar de la rapidez de su marcha, se paran de repente como si hubiesen sido tocadas por una vara mágica y así permanecen hasta por tres minutos. Entonces se siente temblar las márgenes del zanjón con un ruido grandísimo producido por el movimiento que vuelven a tomar las maletas superiores. Movimiento que con celeridad prodigiosa se comunica a las inferiores formando todas en su descenso un estrépito terrible”.
En Boconó el río Burate por su arena blanquecina producía en sus riberas fenómenos interesantes de espejismos y un árbol gigantesco existió en Escuque el cual medía 70 metros de alto y en su volumen podían “funcionar a la vez, sin estorbarse, hasta siete hacheros”.
Pero también las curiosidades biológicas forman parte de la historia trujillana: El Dr. Alfredo Jhan descubrió, el 21 de noviembre de 1910, una piedra, llamada la “piedra de Toro”, que contenía la huella de un fósil estampado, género de animal que pobló Trujillo en épocas del terciario y consistía en “una especie extinta del género Auchenia, familia de los tilópodos”, según lo refiere Américo Briceño Valero (pág. 87). En el Cenizo aparecía un salvaje gigante, en 1866, cuyas huellas de los pies medían 41, 8 cm. con una formación casi cuadrada y cada paso o tranco que daba era de 1 metro, 67. Cm.; hubo intento de darle caza, pero fue inútil y sólo se escuchó en la lejanía su gruñido que parecía decir : “Cate”. En 1872, en Carache causó estupor una novilla que había nacido con cascos de mula.
Pero, quizás, lo más curioso de Trujillo es que siendo una tierra tan pródiga, tan hermosa, de tanto potencial, fue considerado como el Estado más paupérrimo del país, después de Sucre. Curioso.


