Muchos esclavos asumieron con resignación los desmanes y abusos de sus «dueños», pero existieron otros que huyeron de esa condición.
Esos hombres y mujeres fueron conocidos como Cimarrones.
Humboldt en su viaje a Venezuela calculó la existencia de 60.000 esclavos y el español Pedro José de Olavarriaga; figura de gran relevancia en la Historia Colonial; se refirió a un promedio de 20.000 esclavos cimarrones en el territorio venezolano.
No solamente fue en Venezuela donde los esclavos cimarrones se agruparon en comunidades, que fueron conocidas como Cumbes, Quilombos o Mambises.
En Uruguay para 1574 eran muy numerosas, en Panamá, el renombrado Pedro de Úrsula; el de la expedición de los Marañones; actuó en contra de esclavos cimarrones, para mencionar algunos.
En Venezuela se produjeron alzamientos muy temprano, para el año de 1532 una sublevación en Coro, la más famosa fue en las minas de Buria con el Negro Miguel en 1552.
Recordemos que no solamente a Miguel se le unieron esclavos negros, también indígenas, cansados de los abusos de los españoles.
En la Guajira, para esa época, existian diferentes grupos de cimarrones, que inquietaron al gobierno español.
Existe un documento de 1570, que no se podía ir de Maracaibo a Rio Hacha, por encontrarse indios y negros alzados.
Estos cimarrones también servían de intermediarios para el contrabando, no solamente los acusaban de robos y muertes, también los acusaban de unirse con corsarios y existe una cédula del 23 de mayo de 1575, dónde se acuerda hacerles la guerra.
Los conquistadores españoles al tomar violentamente territorios ajenos, usaron la esclavitud, convirtiendo seres humanos en mercancías y era de esperar que muchos de ellos no se resignaron a ser esclavizados o exterminados.
No era fácil someter a los cimarrones, que eran muy numerosos, existiendo en esos Cumbes, personas de diferentes lugares o condiciones que llegaban a estos refugios para los esclavos.
No solamente se encontraban cimarrones en la periferia de la provincia de Venezuela, sino que los había en todas partes.
En 1593 Alonso García de Pineda, presentó al Cabildo de Caracas, una petición para asentar un hato en las riberas del Tuy, para llevar ganado porque en los llanos de Salamanca los mataban los indios y negros cimarrones, con mucha frecuencia.
Ellos intentaban edificar su pasado africano, en nuestras selvas y montañas, construyendo comunidades donde organizaban su propio gobierno, con su cultura y religión.
Está resistencia permitió el nacimiento de una nueva cultura con raíces indígenas, africanas y hasta europeas.
Ellos encontraron mecanismos para lograr su libertad, dignidad y autonomía.
Esos ejemplos se extendieron y un ejemplo es el alzamiento del Negro Miguel, que trajo como resultado la rebelión de los Jirajaras, quienes se mantuvieron en rebeldía durante 75 años.
Humboldt dos siglos después, se refería al cimarronaje del Negro Miguel como una monarquía africana, con una República de zambos, negros e indios.
En Nirgua toda la municipalidad o Cabildo estaba conformada con gente parda, a la que el Rey de España, dió el título de fieles y leales súbditos, conocidos como los zambos de Nirgua.
Para 1605 la Corona dictó diferentes acuerdos dirigidos a los gobiernos de las Indias, para que no existieran negros, ni mulatos, en las poblaciones indígenas.
Según ellos, el Rey » no quería gente ociosa y vagamunda» en las comunidades indígenas.
Vargas Mandurca; militar, explorador y estadista español; se declaraba en 1610 en desacuerdo con el proyecto de llevar ganado a las islas de Coche y Cubagua, ya que era comida segura para los negros cimarrones.
En los llanos de El Cenizo en Trujillo, fue nombrada una escuadra de soldados, para reducir a los negros que se encontraban fortificados allí.
También en Maracaibo existía una comunidad de cimarrones, en el sitio denominado El Empalao.
En Guayana para 1663 una Cumbe de africanos que estaba en comunicación con los indígenas hizo que el Rey se inquietase.
Dos años después se encontró una población de cimarrones en los llanos de Barcelona, a la orilla del río Orinoco, quienes tomaban el ganado de los hatos vecinos.
Aparecerían en 1677 en los Valles de Monay, un grupo de cimarrones robando a los hatos y llevándose los esclavos, según Diego Graterol Saavedra.
Para combatir a los cimarrones en 1683, se comienza una nueva política donde se prohíbe el trato de negros con las comunidades indígenas.
Para finales del siglo XVII existian en muchos lugares de América, comunidades de cimarrones, que habían alcanzado gran estabilidad.
A principios del siglo XVIII los cimarrones que se encontraban en Urama y Morón fueron atacados, para exterminarlos.
En 1716 se recomendó al Capitán General de la Provincia de Venezuela, que redujera a los negros y mulatos libres, que estuviesen fugitivos.
Con el alzamiento de Andresote se ordena al Teniente de Justicia Mayor de San Felipe, Juan Ángel de la Rea para que averigüe quien influye a los negros sublevados.
Los cuatro cumbes que nutrieron el alzamiento de Andresote, estaban situados a orillas del rio Aros, en el Camino Real de San Nicolás, en el camino a San Pedro y entre el río Yaracuy y Taria, dónde se encontraba el mismo Andresote.
En 1750 en Siquisay, Trujillo, existe un cacique llamado Lucas Cumbe y seguirían las Misiones tratando de reducir catequisando a las Cumbe.
En Maracaibo en 1780 se encontraban negros cimarrones, que realizaban contrabando.
En todo el siglo XVII los españoles enfrentan las comunidades cimarrones en Siquisique, en las regiones bajas del Tuy y en otras regiones.
Se detuvieron 25 fugitivos en Caracas, en Guarenas, en Caucagua 41, Turmero 4, en Guapo 15, para nombrar algunas.
Los españoles no cesan sus arbitrariedades con los esclavos.
Un ejemplo es Juan Alejandro, esclavo de José Antonio Bolívar, que lo tenían con un par de grillos y una cadena.
Lo alimentaban cada 24 horas, con un pedazo de carne y agua, lo tenían habitando con mulas y lo ataba con una cadena de perro.
Este esclavo se mantuvo escondido en los cañaverales de Panaquire cuando huyó, junto a otro grupo de esclavos fugados.
Para 1795 ocurrió la rebelión de los esclavos de Coro, encabezados por José Leonardo Chirinos.
Después del fracaso de este alzamiento, los indígenas también insurgieron, pero sin éxito.
Al terminar el siglo XVIII, no sería exagerado mencionar, que existian un numero de 30000 cimarrones, siendo muchos de ellos fundadores de pueblos.
En resumen está fue la historia de los esclavos que no se resignaron a su suerte, siendo estos cimarrones, exterminados sin piedad por los propietarios y por el gobierno español.
José Rosario Araujo




